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Los Bunker, una trampa de dinero

Zanjas de drenaje en un bunker
A pesar de lo que pueda parecer, el diseño de los bunkers constituye uno de los mayores impactos sobre los recursos de un campo de golf, tanto en su etapa constructiva como en el mantenimiento posterior.
Las superficies generalmente inclinadas de los bunkers de arena y el contraste de color con el verde, son muy atractivas a la vista,  pero son también muy propensas a la erosión causada por las lluvias y los propios sistemas de riego.

Cuando hay  lluvias intensas éstas desplazan la arena y la tierra que se encuentra debajo. Con el tiempo, la tierra contamina la arena con sedimentos orgánicos y arcilla, reduciendo rápidamente la capacidad de ésta para drenar. La solución no es otra que la reposición completa de la arena,  y en muchos casos la mejora de las zanjas internas de drenaje.

La superficie de bunkers respecto al área de un campo de golf suele ser inferior al 1%, y la media de golpes que se realizan en ellos en una vuelta está en torno al 5%, en cambio la construcción y mantenimiento de los mismos en algunos proyectos,  puede llegar a suponer casi el 30% de las inversiones.
Parece por tanto que no guarda mucha relación el coste que generan en comparación al grado de utilización,  pero al fin y al cabo se trata de "un mal necesario". ¿Imaginas un campo sin bunkers?. Otra cuestión diferente es la dedicación de algunos clubs a la conservación de los mismos,  y a la vista está que algunos no caen en la "trampa de dinero" que supone un mantenimiento correcto.

De cualquier forma,  los bunkers están definidos en las reglas de golf como un “hazard”,  es decir,  un obstáculo del campo que penaliza un golpe mal ejecutado,  aunque en algunos casos la deficiencia de los mismos es tal, que aún ejecutando perfectamente el golpe es casi imposible no obtener penalización en la ejecución.
Los bunker,  especialmente los que se encuentran alrededor de green, cumplen además otra misión,  la estrictamente intimidatoria, defendiendo posiciones de bandera que generalmente obligan a modificar la estrategia del juego,  forzándonos a cometer golpes extra sin siquiera haber caído en ellos, sólo por el hecho de intentar evitarlos.
No obstante,  no debemos esperar de los bunkers la misma perfección de conservación que las zonas nobles del recorrido como son los greenes, tees y calles,  aunque por ello el mantenimiento del bunker en ningún caso puede quedar relegado a un segundo plano.

Cancha de prácticas
Se da la paradoja que hay clubs que mantienen perfectamente los bunkers de prácticas, y  la sorpresa es mayúscula cuando el jugador se encuentra en el campo con unas condiciones de compactación y cantidad de arena que poco o nada tienen que ver con la cancha de prácticas. La confusión es total y la consecuencia nefasta para el jugador, en unos rebota el palo ante la falta de arena y en cambio en otros existe el riesgo de pasar por debajo.

Lo ideal sería al menos conseguir un estándar mínimo de conservación, que permita una homogeneización de las condiciones con el fin de que los jugadores tengamos las mismas sensaciones a lo largo de todo el recorrido, aunque de nada vale exigir un mantenimiento correcto si después somos los usuarios los primeros en no conservar en condiciones el estado de la arena, añadiéndo así un plus de complicación.

Como anécdota tengo que contar que el año pasado jugando en el Alicante Golf de San Juan,  me acompañaba Aiala,  mi hija pequeña de 8 años. Al ver que mi enfado era más que visible cada vez que caía en un bunker,  muy seria y convencida me dijo; " ¡ Es muy fácil..!  no la  tires a la arena Papá "
Creo que tiene razón.  Si tampoco quieres caer en la "trampa",  no la tires al bunker,  y asunto arreglado.

06/04/2011 BOCUSE © Hasvistomibola.com

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