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El precio del estrellato

01/06/2012

McIlroy ha estado destinado a la grandeza desde que se convirtió en profesional. Después de conseguir la victoria en el U.S. Open, para bien o para mal, Rory es perseguido por la atenta mirada de toda la prensa y de los miles de aficionados. El estrellato viene siempre acompañado de un seguimiento al minuto del jugador, y el joven norirlandés lo está experimentando ahora.

McIlroy falló el corte en el BMW PGA Championship disputado en Wentworth, el evento emblemático del European Tour, y eso sucedió después de fallar el corte en uno de los mejores eventos del PGA Tour, el The Players Championship. Esta semana vuelve a fallar en el Memorial Tournament del PGA.

De repente falla tres cortes consecutivos, una sucesión que no se producía desde 2008, algo que por ejemplo nunca le ha sucedido a Tiger, y para colmo, perdió hace unos días el Nº1 a manos de Luke Donald. Pero sólo estamos hablando de tres torneos malos. Sucede en golf, incluso a los mejores.

Lo problemático en Wentworth tuvo que ver con su rendimiento. Quedó a 21 golpes del líder y falló el corte por ocho golpes. Mucha diferencia para un Nº1. Ha sido su primer corte fallado en suelo europeo en cuatro años, y el signo decepcionante fue la incapacidad de McIlroy de luchar, de sobreponerse a las malas rachas.

"No practiqué tan duro como tendría que haberlo hecho", dijo McIlroy en Wentworth. "Necesito trabajar más duro y recuperar el nivel que tenía antes del Masters. Siento que me han faltado algunas rondas competitivas". Al menos debemos dar crédito a McIlroy por su honestidad.

Con el estrellato se adquiere el reconocimiento social, pero se pierden otros valores igualmente importantes, como es la intimidad. McIlroy generó algunos comentarios cuando abandonó inmediatamente el The Players Championship tras fallar el corte por tercer año consecutivo y dirigirse a Roma para encontrarse con su novia, la tenista Caroline Wozniacki.

Probablemente esa actitud se debió a la imperiosa necesidad de escapar a todo lo que rodea el circuito profesional, incluidos los entrenamientos. Hay que saber gestionar la fama y la presión mediática, algo en lo que Tiger ha sido todo un experto, incluso después de su aireado affaire.

McIlroy tan sólo tiene 23 años, e igual que le sucedió en 2011 cuando perdió en la última jornada el Masters, aprenderá la lección y llegará a dominar la presión. Pero para eso primero hay que pasar por ella, sufrirla, y aprender a salir nadando del lodo.


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